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dimecres, 14 d’agost del 2013

Tota mena de plaers

Sant Pere de Rodes (2009). Reinante
No es pot ser sant a l’Empordà, la terra on les temptacions gastronòmiques i visuals ens esperen a cada racó. Ho deia Pla i ho certifica Narcís Comadira.

Un dia, Josep Pla va preguntar a un amic meu, capellà, nascut a Castelló d’Empúries: “Digui, mossèn, vostè coneix algun sant empordanès?” El meu amic va pensar un moment i abans de dir a l’escriptor alguna cosa com “ara no li ho sabria dir”, Pla ja li va donar la resposta: “No cal que s’hi esforci, no n’hi ha cap!”.
Ser sant i empordanès són, l’experiència ho confirma, dues coses que estan íntimament renyides. I és que a l’Empordà, per més Bisbals, per més monestirs i esglésies, per més ermites, aplecs i processsons, hi ha encara una atmosfera pagana que embolcalla el paisatge com una boira hedonista i fa que els déus antics encara s’hi passegin, com en aquell poema de Kavafis.
L’Empordà es terra de descreguts i és terra de mil possibilitats de satisfacció sensual. I si la rudesa esquerpa del cap de Creus sembla exigir una vida del tot ascètica, aviat és compensada per la blanesa lluminosa del golf de Roses, que va acollir aquells grecs que creien en els déus antics.

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Comadira, Narcís. Tota mena de plaers. Descobrir Catalunya, novembre 2009, Barcelona, 98-99

Narcís Comadira:

Escriptors en Llengua catalana: Narcís Comadira
LletrA La literatura catalana a Internet: Narcís Comadira
Corpus literari: Obres

diumenge, 14 d’agost del 2011

Verano de 1987: Cuando el socialismo se hizo marbellero

Joaquín Sorolla (1904): Pescador

(...) Aquel dulce verano en Dénia, desde la verbena de la playa llegaba hasta la sobremesa de las cenas con los amigos bajo el algarrobo la voz de un vocalista meloso que cantaba La bamba, y cuando de madrugada iba a ayudar a Pere Joan a cobrar la red que había calado la tarde anterior, me cruzaba con las últimas motocicletas, con los últimos coches llenos de furiosos latidos de música salvaje reventando por las ventanillas que volvían de las discotecas. Era el preludio de la ruta del bacalao. Pere Joan era un viejo pescador, con diseño de Geppeto, dueño de un chiringuito, Els Molins, con sombra de parra y uralita, abastecido por lo que pescaba cada día. Cuando veía que en la red se había enganchado un pez mientras se estaba comiendo a otro, y yo me asombraba, sin volver el rostro, encorvado sobre la borda, decía: "Es que aquí abajo hay más hambre que arriba". Y si pescaba un bogavante o una langosta siempre repetía: "Esta se la comerán los señoritos". De regreso al chiringuito, a las nueve de la mañana, Pere Joan me invitaba a desayunar, un café, un bocadillo de atún y anchoas, una ensalada de tomate de aquellos antiguos con aceitunas amargas machacadas y una cerveza. Después me regalaba un kilo de pescado en el que había salmonetes, caballas, doncellas, pajeles y sargos. Aquellos dulces veranos de los ochenta en Dénia también me embarcaba, invitado por Salvador, avezado patrón, en su barca de pesca de arrastre y pasaba el día en alta mar con corridas desde el cabo de la Nao hasta aguas de Oliva. Bajo el sol del mediodía, con la morralla capturada en el primer copo, el cocinero preparaba la caldereta y al echar la cabeza de ajos sobre el aceite hirviendo ese aroma que la brisa salada extendía sobre el mar creaba por primera vez el universo y ya no existía la memoria, no había corrupción política, ni ETA, ni GAL, ni desencanto, ni reconversión industrial, sino la luz de los sentidos fundida con el pensamiento. Nada.

Fragmento extraído de EL PAÍS: Cuando el socialismo se hizo marbellero, por Manuel Vicent, 14 de agosto de 2011. 
Para leer el artículo completo, CLICA AQUÍ.

dimecres, 3 d’agost del 2011

Abidal empieza el Ramadán

Ramadan Kareem رمضان كريم
Mansour Ali (2006): Ramadan Kareem رمضان  كريم
El francés tiene la bula del imán de su mezquita para no seguir a rajatabla el precepto musulmán y hacer más llevadero el mes de ayuno.
El francés Eric Abidal, devoto musulmán, empieza mañana mismo el ayuno diario que obliga el Ramadán y que se prolongará hasta el 29 de agosto. Eso quiere decir que el jugador se tendrá que levantar al alba, al filo de las cinco de la mañana, para realizar las pertinentes oraciones y abluciones, comer y beber debidamente, para a continuación mantener el ayuno hasta la caída del sol, aproximadamente las diez de la noche.
Durante esas horas de ayuno, está prohibido terminantemente comer o ingerir cualquier líquido. Evidentemente esta situación es del todo insostenible para un deportista de elite y más aún en las condiciones que se encuentra la expedición blaugrana en Estados Unidos -con un calor asfixiante de entorno a los cuarenta grados-, a lo que hay que añadir que Abidal fue intervenido hace pocos meses de un tumor en el hígado, por lo que su cuerpo no está preparado para este tipo de sacrificios metabólicos.
De ahí que Abidal haya pedido una bula al imán de su mezquita, con el fin de hacer más llevadero este mes del Ramadán que se empieza el 1 de agosto. El francés se ha acogido a una serie de observaciones que contempla el Corán como la posibilidad de recuperar los días desayunados a lo largo del año. Es decir, durante este mes se puede romper en cierta forma el ayuno, siempre y cuando esos días los acabe recuperando a lo largo del año. Tendría tiempo hasta medidados de julio del 2012 para cumplir sus votos con el Ramadán.
También se contempla los casos excepcionales de musulmanes que estén de viaje y las situaciones les obliguen a cambiar de horario, como también sería el caso de Abidal. Además, el cumplimiento del Ramadán se hace más intenso los diez últimos días, es decir, en este caso estamos hablando de entre el 19 y el 29 de agosto, cuando el jugador esté ya en Barcelona, por lo que el cumplimiento del ayuno podrá ser mucho más estricto.
De hecho, en el propio club le han dicho que en su actual estado, recuperándose de un tumor que le ha hecho perder bastantes quilos, es totalmente desaconsejable hacer este tipo de sacrificios de una forma estricta porque puede acabar pagándolo su salud.
Abidal ya ha anunciado que seguirá todos los preceptos que marca el Ramadán hasta donde llegue su cuerpo ¿se levantará a las 4.45 horas para iniciar las oraciones a La Meca¿, pero evidentemente ingerirá líquido durante los entrenamientos y antes y después de los partidos. En este caso ya no habrá ninguna salvedad, ya que todos los encuentros finalizan más tarde de las diez de la noche, por lo que podrá comer copiosamente si así lo desea.
El inicio del Ramadán coincide cada año con el noveno mes lunar del calendario islámico. “En verano es muy difícil hacerlo porque el sol sale pronto y se esconde tarde”, decía el propio lateral francés el año pasado. El jugador tiene sus propios trucos para combatir las peores horas del día, como hacer una larga siesta a la hora de la comida. Y ya que en cuanto al ayuno deberá hacer excepciones, el defensa procurará no perderse ni una de las oraciones, como ya hizo el año pasado “hay siete rezos al día, cinco obligatorios y otros dos facultativos que dependen de si los puedes hacer como mínimo con dos personas más. Además, durante esta época también hay un rezo opcional, que se realiza aproximadamente quince minutos después de acabar de comer”.
Noticia extraída de SPORT: Abidal empieza el Ramadán.
Más información:

dijous, 21 de juliol del 2011

Ous de Calaf

Encantadísimo (2011): Mercat de la Boqueria
A les quatre de la matinada arriben els ous de Calaf, li havia dit el senyor Abad a en Manolo. El senyor Abad era el propietari del restaurant més important de la ciutat, un lloc preciós en què hi podien cabre fins a dues-centes persones i on, a més a més, s`hi menjava molt bé. L`Abad no era dels que ensabonaven la crítica i tampoc inventaven coses increïbles. L`Abad cuinava com ho havia vist fer a la seva mare i a la seva àvia, i elles també havien cuinat, potser per altres, com ho havien vist fer a altres mares i àvies.
-Si les coses estan ben fetes i el mercat ens dóna allò que volem, per què canviar-ho? –deia el senyor Abad.
Per això els ous continuaven arribant a les quatre de la matinada des de Calaf. I mai no li havien fallat. Els ous arribaven de Calaf quan ja hi havia poca gent que demanava truites, però la qualitat dels ous ha de ser inqüestionable. Era per això que el senyor Abad, mentre dormia, sabia que al seu restaurant ja tancat hi havia en Manolo que escoltava la ràdio i que potser jugava al sudoku o que llegia alguna novel·la policíaca, però que era allà no tant per vigilar l`establiment dels possibles malfactors nocturns sinó sobretot per atendre la camioneta que a les quatre de la matinada portava els ous de Calaf. Només així podia posar a la seva carta elegant el remenat de múrgoles amb ous de Calaf o la truita de tòfona amb ous de Calaf. I el senyor Abad, guardonat amb totes les distincions possibles del món dels fogons, sabia que allò que més atreia als seus clients no era pas la paraula ous, ni truita, ni tòfona ni múrgoles, ara que ja m`era el temps. Allò que els seduïa era la denominació d`origen dels ous, al capdavall una esperança de les gallines a les quals tant els feia estar picossejant el terra de Calaf o de vés a saber on.
BARRIL, Joan (2009): 201 contes corrents, Barcelona, Ara Llibres, SCCL, pàg. 138-139.

La sabiduría de estar sentado

TeresalaLoba (2010). Marrakech de Rafael Alonso por TeresalaLoba
Existen algunos cafés árabes muy famosos, los profundos de la Cornisa de Alejandría, algunos del callejón de los Milagros de El Cairo, el café de Paris de Tánger, los del bulevar Michelet de Argel, cuando la colonia francesa, por el que Albert Camus veía pasar a las chicas con sandalias y telas ligeras con flores mientras escribía El Extranjero o el Cintra de Orán donde escribió La Peste. En la plaza Djemma El-Fná de Marraquech hay dos cafés significativos, el France y el Glacier.
En el mundo árabe basta con estar sentado en un café para expresar la verdadera categoría del hombre. Pese a que también podrían pasarse toda una tarde en cuclillas con un equilibrio perfecto sin que se les astillen los cartílagos de las rodillas, cuando uno ve repantigados en la terraza de un café a viejos árabes fumando, dejando pasar las horas sobre su cabeza, intuye que esa actitud pasiva es una auténtica creación con mil años de cultura. Esta vez algunos marroquíes, que ocupaban las mesas del Glacier, leían el periódico con gafas de sol y otros tenían simplemente los ojos cerrados. A media mañana parecían dormitar el tiempo bajo el sonido de los tambores y dulzainas que emanaba del fondo de la plaza.

Vicent, Manuel.  El país. 22 d'agost de 2010, p. 56.

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dimecres, 20 de juliol del 2011

Unos pantalones bombachos y una bicicleta

Foto El País: Unas bicicletas descansan a la orilla de una playa.- HERBERT LIST (MAGNUM)
De noche la banda de música tocaba pasodobles en la plaza. Cuando llegaba el solo de bombardino el público callaba y en el silencio absoluto desde el fondo de los naranjos se oía el canto del cuclillo con una cadencia medida, como si marcara el compás. En las noches del verano de 1947, el alma de cuantos habitaban el paraíso terrenal era de dos clases: la de los pobres se alimentaba de habas cocidas y altramuces; la de los ricos, de horchata o de leche merengada, mientras la banda de música tocaba España cañí bajo bombillas de 50 vatios y un hambre canina.
No existe un paraíso sin un árbol prohibido, sin una vigilancia estricta de los placeres, sin la amenaza de expulsión. El auténtico paraíso siempre es el que se ha perdido, como el de Milton, pero en el verano de 1947 el mío se hallaba en aquel pueblo del Mediterráneo. La Vilavella tenía las paredes encaladas, geranios en las ventanas y algún jilguero o un verderol dando vueltas neuróticas en la jaula colgada en la jamba pintada de azulete de alguna casa. En verano el sonsonete de la tabla de multiplicar ya no salía por los ventanales de la escuela; había sido sustituido por los gritos de los niños que jugaban en la plaza, pero seguían sonando las herramientas agrícolas, los rebuznos de asnos que se oían de lejos como las trompetas de Jericó, el yunque del herrero, el flautín del afilador. Las radios echaban a la calle boleros de Machín y de Jorge Sepúlveda en discos dedicados. Al final de la tarde volvían del campo los carros de labranza con perros jadeantes y el aire olía a paja quemada, a calabaza al horno y ese era también su color.

Artículo extraído de EL PAÍS: Manuel Vicent (17/07/2011): 1. Verano de 1947. Unos pantalones bombachos y una bicicleta.
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dimecres, 13 de juliol del 2011

El pacient medieval recorria a Déu i, després, al seu jardí


Vervloet, Bieke (2008). Monestir de Pedralbes
–Bé, la medicina a l'edat mitjana era una mica fosca. El pacient recorria a Déu, al seu capellà i, després, a les plantes del seu jardí. I si necessitava algun remei específic, a l'apotecari, que també proporcionava herbes per cuinar. Barcelona era una mica especial.
–¿Per què?–Pel seu gran nombre d'apotecaris. I això que eren estudis difícils i llargs, de vuit anys. Les monges de Pedralbes tenien el seu al carrer de Llibreteria. Les altres dues zones del gremi es concentraven pel Born i al voltant de Santa Maria del Mar i la Boqueria. 
–¿I si fallava l'apotecari?–Entrava el metge o el cirurgià. La pesta va ser el gran problema de l'època, sobretot a causa de les aigües contaminades. Les monges disposaven d'una aigua meravellosa, que venia de les muntanyes, però també es posaven malaltes. 
–¿I es curaven?–Sembla que algunes sí. El monestir disposava de la seva pròpia infermeria, apartada de la resta. Moltes monges veien allà el metge per primera vegada.
Melús, Eva (26 d'agost de 2010). Fragment de l'entrevista a Manoli Yeste en El Períodico de Catalunya: El pacient medieval recorria a Déu i, després, al seu jardí

El cuscús musical de Hindi Zahra


La cantante marroquí de origen amazigh seduce con las heterogéneas canciones de su primer disco.
Compara su música con el cuscús y la paella: "Es una mezcla de todo lo que me gusta. Mucho jazz, blues, soul, también el rock, la música oriental, la africana... Podría mencionar a Tinariwen, James Brown, Ella Fitzgerald, Karen Dalton, Amalia Rodrigues, la Callas, Om Kalsoum... En Marruecos tenemos la suerte de estar abiertos a otras culturas. Nuestra situación geográfica hace que estemos entre Occidente, África y Oriente, en una encrucijada". Tres meses prácticamente encerrada en un apartamento de París que alquiló al igual que el equipo necesario para una grabación en condiciones. En el salón, repleto de instrumentos, se gestó Hand made (Hecho a mano), un primer disco que ella se ha encargado de producir y mezclar. "Salvo 15 días de un viaje a Marruecos, pasé todo el tiempo en mi laboratorio", cuenta. "Tal como quería hacer el disco estuvo bien poder dormir y comer en el mismo espacio en que grababa. Era importante que fuera un lugar de vida".
Galilea, Carlos.

El cuscús musical de Hindi Zahra. Crítica musical, extreta de El País, 28 d'agost de 2010.

Molt recomanable visitar la pàgina de Hindi Zahra, CLIQUEU-HI.

dilluns, 25 d’abril del 2011

Un sofrito para la crisis


LauretART (2011)


"Josep Pla explica que el arroz depende estrictamente del sofrito. Elaborado con bastante cebolla (y poquísimo tomate), el sofrito debe convertirse en una mermelada melosa y oscura, casi negra. Para que la cebolla se transforme en mermelada hace falta un ingrediente que ahora escasea: mansedumbre, sosiego (una destilación del carácter que se consigue después de dedicar, como hacían nuestras abuelas, gran parte del propio tiempo a alguien que no sea uno mismo). Mi abuela usaba una marmita de hierro, ennegrecida por el uso. Mientras cortaba la cebolla me contaba anécdotas de su tiempo. El ácido de la cebolla, que hace chispear los ojos, contribuía a disimular la tristeza. Un par de lágrimas rodaban por sus mejillas cansadas, de color de cirio, mientras evocaba al abuelo, que murió tan joven, o algún episodio de la guerra.
La abuela tenía el pelo blanco y los ojos negros, que unas sombrías ojeras acentuaban. Sus relatos no eran de color de rosa. Eran las historias de una menestralía que pasó la vida trabajando, mientras la muerte y el infortunio destruían con impiadosa constancia los escasos momentos de confort. Poco después de casarse, los abuelos compraron una casita, en la que instalaron un colmado, que contaban pagar poco a poco. Disponían de un pequeño as en la manga: unos ahorrillos que el abuelo había colocado en la fábrica corchera en la que trabajaba. El hombre murió pocos años después de casarse. Y al intentar mi abuela retirar los ahorros del marido difunto, resultó que el amo de la fábrica se había arruinado. Cargada de deudas, viuda y con una hija, consiguió abrirse camino con un coraje ejemplar, trabajando de noche y de día, ahorrando cada céntimo, prescindiendo de todo placer, prohibiéndose la fatiga, viviendo con austeridad máxima, progresando de manera lenta, pero constante, hasta que, cuando el futuro parecía sonreírle, la guerra trajo nuevas penalidades, más privaciones, otros peligros. Registros y abusos del comité por su fama de beata. Rosarios rezados en el sótano durante los bombardeos. Y cuando entraron los franquistas, más de lo mismo: destrozos y robos de la soldadesca.
El combate de mi abuela no fue excepcional. Todas las mujeres que soportaron la guerra contaban historias parecidas. Eran heroínas, pero no tenían conciencia de ello. La lucha cotidiana daba sentido a su existencia. No esperaban otro premio que poder seguir luchando. La crisis que hoy nos asusta y golpea es casi una comedia, a la luz del hambre, el malestar y las penalidades que sufrió la generación que nos legó la tortilla de harina y el soberbio arroz con cuatro trozos de sepia.
Toda la fuerza de aquella generación reside en el sofrito. Lo primero: no hacer el pena; mantener el pudor, la dignidad. Y es que, en efecto, al trocear la cebolla uno consigue disimular el impacto real de las dificultades con una excusa irónica: las lágrimas son debidas al ácido tubérculo, que escuece los ojos. Segundo: aguardar el bajón de la crisis con sosiego y aplicación, acompañando con la espátula la lenta cocción de la cebolla incluso cuando el esfuerzo parece inútil. Por supuesto: no olvidar el caldo. Para prepararlo basta con hervir en abundante agua unos pocos pescados sin nombre. Sin el caldo del coraje y la entereza, el arroz, como la vida, incluso cuando se dispone de los mejores mariscos, sabe a poco y uno acaba interiorizando que siempre sale mal".
“Un sofrito para la crisis”. Antoni Puigverd, La Vanguardia Digital, 25 de abril de 2011.
Para leer el artículo completo:
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