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diumenge, 11 de febrer del 2018

Un día en Amalfi

Fina Masdéu (2015): Capri
Una vez llegué al atardecer a Sorrento, en las abruptas riberas del golfo de Nápoles. Era diciembre y de los árboles de la piazza colgaban luces de Navidad. Al principio pensé que había adornos dorados entre las ramas, pero luego me di cuenta de que se trataba de los enormes híbridos de cidra y limón de piel rugosa que crecen en las costas de Campania. Los limones de Sorrento y Amalfi son las frutas más famosas y constituyen los principales ingredientes de numerosas recetas que dependen de sus maravillosas y específicas cualidades y son casi desconocidas fuera de un área muy restringida de la zona. Su zumo tiene muy poca acidez; no se espera que le dé un toque de sabor a una mayonesa casera ni se puede utilizar en vez de vinagre en un aliño de ensalada porque es demasiado suave para esos usos. Sin embargo, puede cocinarse un plato de pasta veraniego aliñando los espaguetis con ajo crudo, perejil y el zumo suave pero intensamente aromático, de un limón de Sorrento y, en Amalfi, una rodaja de limón rociada con café molido y azúcar es un sencillo digestivo después de una comida. [...] Actualmente los limones de Amalfi se suelen pelar, se cortan en finas rodajas y se combinan con ajo, aceite de oliva, una gota de vinagre de vino blanco, menta picada y sal. Comer limones crudos siempre me ha resultado difícil, pero para los locales el intenso sabor de estos chispeantes frutos amarillos constituyen la esencia misma del verano.´
Fina Masdéu (2015): Botiga de Napoli, on venen figures per al pessebre. Els productes de la foto són de cera.
Helena Attlee (2017): El país donde florece el limonero. Traducció de María Belmonte. Editorial Acantilado. Pàgines 67-69.
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Amb gust del Magrib
Isabel Castro (2018): Llimones confitades
Preparació del llimones confitades, segons recepta de Mariona Quadrada

Talleu les llimones a rodanxes, poseu-les en un cassó cobertes d'aigua i porteu-les al foc. Un cop arrenqui el bull, escorreu-les i llanceu-ne l'aigua. Torneu-les a posar al cassó amb sucre i 100 cc d'aigua. Coeu-les a foc molt lent fins que les vegeu confitades i transparents.

Mariona Quadrada (2004): Amb gust del Magrib [Receptes del Marroc, Algèria i Tunisia). Pragma Edicions, El món a la cuina. Pàgina 69.

dissabte, 10 de febrer del 2018

Uno de los lugares más soleados de Europa

Jean-Pierre Dalbéra (2012): Vue de la Conca d'Oro depuis Monreale
Todo en Palermo y sus alrededores es adecuado para el cultivo de los cítricos. Se trata de uno de los lugares más soleados de Europa, y un gran anfiteatro de montañas lo protege de los vientos y detiene el paso de las nubes procedentes del mar, obligándolas a descargar sus cálidas lluvias sobre la tierra en invierno. A media hora en coche del centro de la ciudad se encuentra una franja de tierra conocida desde el siglo XV como la Conca d'Oro. Los naranjos y limoneros que crecen en este fértil terreno parecen parte de la vegetación natural, pero en realidad son expatriados que viven a miles de kilómetros de sus lugares de origen. Los limones crecieron por primera vez como monte bajo en los bosques de las estribaciones del Himalaya, y según Tyôzaburô Tanaka, el gran experto en cítricos japonés del siglo XX, todas las naranjas provienen de Assam y Birmania, donde eran conocidas como naranga, nombre que se cree deriva del tamil, en el que el prefijo nar- denota fragancia. Sin embargo, estudios más recientes de botánicos que trabajan en la región china de Yunnan han revelado tantas formas primitivas de cítricos que hay razones para creer que muchas especies de naranjas son originarias de China.
Isabel Castro (2017)
Los limones y las naranjas amargas llegaron a Italia por primera vez con los árabes que invadieron Sicilia occidental en el año 831 [...]. En suelo italiano, el nombre naranj , o naranja como se llamó al fruto en el sur de España, se transformó en arancio para el árbol frutal y en arancia para la fruta. En italiano moderno la palabra arancio se utiliza como nombre y como adjetivo, al igual que orange en inglés, pero un nombre solo puede funcionar como adjetivo si el objeto mismo es familiar para la población en general y hasta el siglo XIII los italianos no comenzaron a utilizar rancio y luego arancio como adjetivos. [...]

Irene Domènech (2011): Mercat de Palerm
[...] A las afueras de Palermo Ibn Hawqal encontró una gran abundancia de huertos, todos ellos regados por agua bombeada de los arroyos por medio de norias. Fue aquí donde se plantaron los primeros naranjos y limoneros. En el norte de África y Próximo Oriente se utilizaba la palabra paradisi para describir estos recluidos espacios de verdor en los que se podía escuchar el murmullo del agua deslizándose y oler el perfume de flores y árboles floridos, a modo de umbríos santuarios separados del tosco paisaje exterior por altos muros. La belleza de los jardines fue celebrado en un género de poesía llamado rawdiya ('poemas de jardines') en los que naranjas y limones eran frecuentes protagonistas. Abu al-Hasan Ali, poeta islámico que vivió en Sicilia bajo el dominio normando a finales del siglo XI, describió las naranjas tan puras como oro que llueve sobre la tierra y allí adopta la forma de relucientes esferas. Ab dar-Rahman, otro poeta arábigo-siciliano, escribió:
Entre ramas de esmeralda
sumidos toda la noche en llanto. 
las naranjas de la isla son un fuego abrasador.
Pálidos rostros de amantes los limones son,
Helena Attlee (2017): El país donde florece el limonero. Traducció de María Belmonte. Editorial Acantilado. Pàgines 77-83.
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El sabor de las mandarinas nació en un solo árbol

Esquema extret de El País
Imagínese una mandarina. Posiblemente, en su mente haya aparecido la variedad más cultivada en España: la clementina de Nules, o clemenules, para los amigos. Es muy probable que usted tenga una en su frutero. Se trata de una mandarina naranja intensa, sabrosa, sin pepitas y que se pela con facilidad. Y, además, es una máquina para viajar en el tiempo, como explica el biólogo Manuel Talón, que hoy presenta el nuevo árbol genealógico de los cítricos.

Manuel Ansede (8/02/2018) des de El País: El sabor de las mandarinas nació en un solo árbol.

divendres, 9 de febrer del 2018

El país donde florece el limonero

Diarmuid Kelley
Recuerdo cuando los vuelos eran tan caros que la gente solía hacer el largo viaje de Inglaterra a Italia en barco y tren. En cuanto llegabas a París las cosas mejoraban, porque allí era posible tomar el Palatino, un coche cama nocturno que iba a Roma, con parada en Florencia, en el que uno podía dormir durante todo el trayecto. La primera vez que hice ese viaje fue hace treinta y cinco años. Al amanecer levanté una esquina de la cortinilla de la sofocante litera y me di cuenta de que ya habíamos atravesado la frontera. Estábamos en la Riviera italiana, en algún lugar cerca de Ventimiglia, y crecían limones junto al andén de la estación. Las oscuras hojas y los brillantes frutos de los árboles destacaban contra el telón de fondo del mar. Nunca he olvidado aquellos árboles ni la manera en que transformaban el paisaje a su alrededor; un paisaje que resultaba intensamente extraño a mi mirada genuinamente inglesa. [...]

Giovanni Battista Lusieri (1982): Panorama de Palerm i la Conca d'Oro des de Monreale
Goethe recorrió toda Sicilia y, como muchos otros viajeros ingleses, franceses y alemanes que hacían el Grand Tour, quedó cautivado por la belleza del paisaje. Alos después concentró un anhelo común a los europeos del norte por la belleza, calidez y placer de vivir en el Mediterráneo en una pregunta que parece obsesionar nuestra imaginación colectiva: "¿Conoces el país donde florece el limonero [...]? ¿Lo conoces bien?". Muchos de los contemporáneos de Goethe lo conocían bien, y los vedutisti italianos que suministraban a los turistas pinturas de paisajes, vistas urbanas y estudios de monumentos antiguos ya habían comenzado a incluir la Conca d'Oro entre sus temas. Panorama de Palermo y la Conca d'Oro desde Monreale, pintado por Giovanni Battista Lusieri en 1982, muestra la exuberante llanura entre las montañas y el mar salpicada de huertos de limoneros amurallados conectados por rectos caminos a una serie de granjas y graneros, construidos todos con la misma piedra dorada.

Irene Domènech (2011): Taronges del mercat de Palerm
Yo entonces no lo sabía, pero los viajeros del norte de Europa siempre se han emocionado ante la visión de los cítricos italianos, de modo que mi reacción era completamente previsible. Hans Christian Andersen, escritor y poeta danés conocido sobre todo por sus cuentos de hadas, visitó Italia en 1833, y ver por primera vez bosquecillos de naranjos y limoneros le produjo la mezcla de éxtasis y deseo que Italia sigue provocando en los visitantes de países más fríos y menos románticos. "Intenta imaginar el hermoso mar y una profusión de naranjos y limoneros", escribió a un amigo; el suelo estaba cubierto de sus frutos y las resedas y clavelinas crecían como malas hierbas. "¡Oh, Dios mío!¿Qué desgraciados somos los habitantes del norte! El paraíso está aquí". 

Helena Attlee (2017): El país donde florece el limonero. La historia de Italia y de sus cítricos. Traducció de María Belmonte. Editorial Acantilado. Pàgines 11-94.

dissabte, 31 d’agost del 2013

El temps de les cireres (Montserrat Roig)


AmerigoLand (2009): A cup (Vaixella de Llemotges
La Natàlia mirava cap a la galeria, plena de la llum grisa d’aquell migdia boirós i humit i buscà el llimoner i les buguenvíl·lees. “I el llimoner?”, féu unes passes cap endavant i s’aturà davant de les vidrieres. I el llimoner?, repetí, què ha passat, tieta, això no ho veig igual! Ai, filla, i és clar que no ho veus igual! Em vaig vendre el jardí. Que et vas vendre el jardí?, va fer la Natàlia. Havia sortir a fora i es trobava a la mateixa alçada de la galeria coberta. Des de la tribuna abans baixava una escala de cargol de ferro esmaltat que anava directament al jardí i ara tot era de planta baixa. On hi havia el jardí, hi veia un enorme terrat amb rajoles de color rosa esbarrellat, un color uniforme amb clapes humides, trencat pel vidre de les claraboies. Al voltant del terrat no hi havia el clàssic seguit de punxes de ferro negre sinó unes parets arrebossades de guix adesiara escrostonat. La Natàlia caminava d’un cantó a l’altre del pati i travessava a frec la roba estesa sota l’esguard iracund de l’Encarna. M’ho van comprar els del magatzem del costat, volíem ampliar les oficines.¿No sents les màquines d’escriure?, diu la Patrícia. El terra del jardí era tapat amb tot de pedretes menudetes que feien soroll en trepitjar-les. La Natàlia, de petita, guardava pedretes a les butxaques i després s’entretenia a tirar-les al cap dels vianants que passaven per sota del balcó de casa seva. Els dos llimoners eren allí, a tocar dels patis de l’altra banda, per on un nen li feia llengots , i els baladres donaven a la banda esquerra, renteu-vos les mans, si heu tocat baladres que les flors són verinoses, els deia la mare; un dia que la Natàlia es va voler morir, se n’empassà una de sencera, una flor rosada i empallegosa. I no es va morir i va pensar que els grans diuen moltes mentides. 

Roig, Montserrat (1993). El temps de les cireres: Barcelona : Edicions 62, 22-26

En Gonçal. de tant en tant, li llegia un poema i ella el trobava bell, encara que molts no els entenia perquè eren complicats. Són poemes simbolistes, li deia en Gonçal, i ella, tota flonja, deia que si. En Gonçal no cridava mai, com cridava l'Esteve, i deia "dispensi", "em permet", en Gonçal era un home diferente, delicat, com un núvol. La Patrícia pensava, no és un home com el meu pare, no es un home com l'Esteve. Sempre demanava si podia esperar l'Esteve al rebedor però la Patrícia el feia passar a la tribuna i, mentre ella feia ganxet, ell enraonava. Baixaven al jardí i se sentia el crec-crec de les pedretes en ésser trepitjades. En Gonçal acariciava l'heura color d'aran, agafava una llimona i l'olorava. Després se la passava per la cara. "Aromade tardor", deia, "aquesta és l'aroma de Barcelona."

Roig, Montserrat (1993). El temps de les cireres: Barcelona : Edicions 62, 78.

Informació sobre Montserrat Roig

dissabte, 9 de juliol del 2011

Les llimones casolanes

Albert Gallego: Aquarel·les
(Bloc de l'autor: http://aquarellesalbertgallego.blogspot.com/)

Metimna, atrafegada, com mou la cara encesa
damunt el voleiar dels braços i el vestit.
El dinar es cou, es veu lluir la roba estesa
i ja a la cantonada és Licas, el marit.
 
Liceni trenca un vidre, Naïs s’esmuny, plorosa.
Llavores, arrambant-se al mur i amb passes lleus,
amb una revolada cruel i una amorosa
ha restablert Metimna la pau, que amen els déus.
 
Cansada, pren la copa de bella transparència
on juguen aires, núvols, solcant un blau camí,
i riu, sabent que a l’aigua mesurarà amb ciència
el raig de la llimona, la mel de romaní.
 
I beu, dant a l’entorn les últimes mirades.
La llum en el cristall, esparvilladament,
damunt sa cara es mou i l’omple de besades
i li fa cloure els ulls, repòs de tant d’esment.
         Carner, Josep (1906). Els fruits saborosos.





Més sobre Josep Carner




Tres llimones

llimones2

Gabriel Ferrater: Tres llimones

Gener benigne. Sota
molt d’aire verd, les coses
avui no es fan esquerpes
ni el lloc és àrid. Mira:
tres llimones, posades
a l’aspre de la llosa.
Perquè es mullen de sol
i pots considerar
sense dubte ni pressa
la mètrica senzilla
que les enllaça, et penses
que signifiquen res?
Mira, i ja han estat prou
per tu.
Cor seduït,
renuncia des d’ara,
calla. No faràs teu
el joc de tres llimones
a l’aspre d’una llosa.
Ni sabràs aixecar
protesta abans de perdre’l.
Cap surt de la memòria
no abolirà la plàcida
manera de morir-se
que tenen els records.


Més sobre Gabriel Ferrater

Sobre les propietats de les llimones i algunes receptes, pots consultar aquest bloc: Alimentos |FrutasLimón
El licor típic de la Campania, regió italiana, és el limoncello. Pots consultar més coses sobre aquest licor a: El limoncello italiano

Els llimoners del pati

Cissibackman: Lemons in Sóller, Mallorca
Cissibackman: Lemons in Sóller, Mallorca
La Natàlia mirava cap a la galeria, plena de la llum grisa d’aquell migdia boirós i humit i buscà el llimoner i les buguenvíl·lees. “I el llimoner?”, féu unes passes cap endavant i s’aturà davant de les vidrieres. I el llimoner?, repetí, què ha passat, tieta, això no ho veig igual! Ai, filla, i és clar que no ho veus igual! Em vaig vendre el jardí. Que et vas vendre el jardí?, va fer la Natàlia. Havia sortir a fora i es trobava a la mateixa alçada de la galeria coberta. Des de la tribuna abans baixava una escala de cargol de ferro esmaltat que anava directament al jardí i ara tot era de planta baixa. On hi havia el jardí, hi veia un enorme terrat amb rajoles de color rosa esbarrellat, un color uniforme amb clapes humides, trencat pel vidre de les claraboies. Al voltant del terrat no hi havia el clàssic seguit de punxes de ferro negre sinó unes parets arrebossades de guix adesiara escrostonat. La Natàlia caminava d’un cantó a l’altre del pati i travessava a frec la roba estesa sota l’esguard iracund de l’Encarna. M’ho van comprar els del magatzem del costat, volíem ampliar les oficines.¿No sents les màquines d’escriure?, diu la Patrícia. El terra del jardí era tapat amb tot de pedretes menudetes que feien soroll en trepitjar-les. La Natàlia, de petita, guardava pedretes a les butxaques i després s’entretenia a tirar-les al cap dels vianants que passaven per sota del balcó de casa seva. Els dos llimoners eren allí, a tocar dels patis de l’altra banda, per on un nen li feia llengots , i els baladres donaven a la banda esquerra, renteu-vos les mans, si heu tocat baladres que les flors són verinoses, els deia la mare; un dia que la Natàlia es va voler morir, se n’empassà una de sencera, una flor rosada i empallegosa. I no es va morir i va pensar que els grans diuen moltes mentides.
Roig, Montserrat (1993). El temps de les cireresBarcelona : Edicions 62, 22-26  
En Gonçal. de tant en tant, li llegia un poema i ella el trobava bell, encara que molts no els entenia perquè eren complicats. Són poemes simbolistes, li deia en Gonçal, i ella, tota flonja, deia que si. En Gonçal no cridava mai, com cridava l’Esteve, i deia “dispensi”, “em permet”, en Gonçal era un home diferente, delicat, com un núvol. La Patrícia pensav, no és un home com el meu pare, no es un home com l’Esteve. Sempre demanava si podia esperar l’Esteve al rebedor però la Patrícia el feia passar a la tribuna i, mentre ella feia ganxet, ell enraonava. Baixaven al jardí i se sentia el crec-crec de les pedretes en ésser trepitjades. En Gonçal acariciava l’heura color d’aran, agafava una llimona i l’olorava. Després se la passava per la cara. “Aroma de tardor”, deia, “aquesta és l’aroma de Barcelona.”Roig, Montserrat (1993). El temps de les cireresBarcelona : Edicions 62, 78.

Informació sobre Montserrat Roig
Chacobo Dept: Interior d'illa
Chacobo Dept: Interior d'illa
Fotografies:
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