Una vez llegué al atardecer a Sorrento, en las abruptas riberas del golfo de Nápoles. Era diciembre y de los árboles de la piazza colgaban luces de Navidad. Al principio pensé que había adornos dorados entre las ramas, pero luego me di cuenta de que se trataba de los enormes híbridos de cidra y limón de piel rugosa que crecen en las costas de Campania. Los limones de Sorrento y Amalfi son las frutas más famosas y constituyen los principales ingredientes de numerosas recetas que dependen de sus maravillosas y específicas cualidades y son casi desconocidas fuera de un área muy restringida de la zona. Su zumo tiene muy poca acidez; no se espera que le dé un toque de sabor a una mayonesa casera ni se puede utilizar en vez de vinagre en un aliño de ensalada porque es demasiado suave para esos usos. Sin embargo, puede cocinarse un plato de pasta veraniego aliñando los espaguetis con ajo crudo, perejil y el zumo suave pero intensamente aromático, de un limón de Sorrento y, en Amalfi, una rodaja de limón rociada con café molido y azúcar es un sencillo digestivo después de una comida. [...] Actualmente los limones de Amalfi se suelen pelar, se cortan en finas rodajas y se combinan con ajo, aceite de oliva, una gota de vinagre de vino blanco, menta picada y sal. Comer limones crudos siempre me ha resultado difícil, pero para los locales el intenso sabor de estos chispeantes frutos amarillos constituyen la esencia misma del verano.´
Fina Masdéu (2015): Botiga de Napoli, on venen figures per al pessebre. Els productes de la foto són de cera.
Preparació del llimones confitades, segons recepta de Mariona Quadrada
Talleu les llimones a rodanxes, poseu-les en un cassó cobertes d'aigua i porteu-les al foc. Un cop arrenqui el bull, escorreu-les i llanceu-ne l'aigua. Torneu-les a posar al cassó amb sucre i 100 cc d'aigua. Coeu-les a foc molt lent fins que les vegeu confitades i transparents.
Mariona Quadrada (2004): Amb gust del Magrib [Receptes del Marroc, Algèria i Tunisia). Pragma Edicions, El món a la cuina. Pàgina 69.
Todo en Palermo y sus alrededores es adecuado para el cultivo de los cítricos. Se trata de uno de los lugares más soleados de Europa, y un gran anfiteatro de montañas lo protege de los vientos y detiene el paso de las nubes procedentes del mar, obligándolas a descargar sus cálidas lluvias sobre la tierra en invierno. A media hora en coche del centro de la ciudad se encuentra una franja de tierra conocida desde el siglo XV como la Conca d'Oro. Los naranjos y limoneros que crecen en este fértil terreno parecen parte de la vegetación natural, pero en realidad son expatriados que viven a miles de kilómetros de sus lugares de origen. Los limones crecieron por primera vez como monte bajo en los bosques de las estribaciones del Himalaya, y según Tyôzaburô Tanaka, el gran experto en cítricos japonés del siglo XX, todas las naranjas provienen de Assam y Birmania, donde eran conocidas como naranga, nombre que se cree deriva del tamil, en el que el prefijo nar- denota fragancia. Sin embargo, estudios más recientes de botánicos que trabajan en la región china de Yunnan han revelado tantas formas primitivas de cítricos que hay razones para creer que muchas especies de naranjas son originarias de China.
Isabel Castro (2017)
Los limones y las naranjas amargas llegaron a Italia por primera vez con los árabes que invadieron Sicilia occidental en el año 831 [...]. En suelo italiano, el nombre naranj , o naranja como se llamó al fruto en el sur de España, se transformó en arancio para el árbol frutal y en arancia para la fruta. En italiano moderno la palabra arancio se utiliza como nombre y como adjetivo, al igual que orange en inglés, pero un nombre solo puede funcionar como adjetivo si el objeto mismo es familiar para la población en general y hasta el siglo XIII los italianos no comenzaron a utilizar rancio y luego arancio como adjetivos. [...]
Irene Domènech (2011): Mercat de Palerm
[...] A las afueras de Palermo Ibn Hawqal encontró una gran abundancia de huertos, todos ellos regados por agua bombeada de los arroyos por medio de norias. Fue aquí donde se plantaron los primeros naranjos y limoneros. En el norte de África y Próximo Oriente se utilizaba la palabra paradisi para describir estos recluidos espacios de verdor en los que se podía escuchar el murmullo del agua deslizándose y oler el perfume de flores y árboles floridos, a modo de umbríos santuarios separados del tosco paisaje exterior por altos muros. La belleza de los jardines fue celebrado en un género de poesía llamado rawdiya ('poemas de jardines') en los que naranjas y limones eran frecuentes protagonistas. Abu al-Hasan Ali, poeta islámico que vivió en Sicilia bajo el dominio normando a finales del siglo XI, describió las naranjas tan puras como oro que llueve sobre la tierra y allí adopta la forma de relucientes esferas. Ab dar-Rahman, otro poeta arábigo-siciliano, escribió:
Imagínese una mandarina. Posiblemente, en su mente haya aparecido la variedad más cultivada en España: la clementina de Nules, o clemenules, para los amigos. Es muy probable que usted tenga una en su frutero. Se trata de una mandarina naranja intensa, sabrosa, sin pepitas y que se pela con facilidad. Y, además, es una máquina para viajar en el tiempo, como explica el biólogo Manuel Talón, que hoy presenta el nuevo árbol genealógico de los cítricos.
Recuerdo cuando los vuelos eran tan caros que la gente solía hacer el largo viaje de Inglaterra a Italia en barco y tren. En cuanto llegabas a París las cosas mejoraban, porque allí era posible tomar el Palatino, un coche cama nocturno que iba a Roma, con parada en Florencia, en el que uno podía dormir durante todo el trayecto. La primera vez que hice ese viaje fue hace treinta y cinco años. Al amanecer levanté una esquina de la cortinilla de la sofocante litera y me di cuenta de que ya habíamos atravesado la frontera. Estábamos en la Riviera italiana, en algún lugar cerca de Ventimiglia, y crecían limones junto al andén de la estación. Las oscuras hojas y los brillantes frutos de los árboles destacaban contra el telón de fondo del mar. Nunca he olvidado aquellos árboles ni la manera en que transformaban el paisaje a su alrededor; un paisaje que resultaba intensamente extraño a mi mirada genuinamente inglesa. [...]
Giovanni Battista Lusieri (1982): Panorama de Palerm i la Conca d'Oro des de Monreale
Goethe recorrió toda Sicilia y, como muchos otros viajeros ingleses, franceses y alemanes que hacían el Grand Tour, quedó cautivado por la belleza del paisaje. Alos después concentró un anhelo común a los europeos del norte por la belleza, calidez y placer de vivir en el Mediterráneo en una pregunta que parece obsesionar nuestra imaginación colectiva: "¿Conoces el país donde florece el limonero [...]? ¿Lo conoces bien?". Muchos de los contemporáneos de Goethe lo conocían bien, y los vedutisti italianos que suministraban a los turistas pinturas de paisajes, vistas urbanas y estudios de monumentos antiguos ya habían comenzado a incluir la Conca d'Oro entre sus temas. Panorama de Palermo y la Conca d'Oro desde Monreale, pintado por Giovanni Battista Lusieri en 1982, muestra la exuberante llanura entre las montañas y el mar salpicada de huertos de limoneros amurallados conectados por rectos caminos a una serie de granjas y graneros, construidos todos con la misma piedra dorada.
Irene Domènech (2011): Taronges del mercat de Palerm
Yo entonces no lo sabía, pero los viajeros del norte de Europa siempre se han emocionado ante la visión de los cítricos italianos, de modo que mi reacción era completamente previsible. Hans Christian Andersen, escritor y poeta danés conocido sobre todo por sus cuentos de hadas, visitó Italia en 1833, y ver por primera vez bosquecillos de naranjos y limoneros le produjo la mezcla de éxtasis y deseo que Italia sigue provocando en los visitantes de países más fríos y menos románticos. "Intenta imaginar el hermoso mar y una profusión de naranjos y limoneros", escribió a un amigo; el suelo estaba cubierto de sus frutos y las resedas y clavelinas crecían como malas hierbas. "¡Oh, Dios mío!¿Qué desgraciados somos los habitantes del norte! El paraíso está aquí".
Helena Attlee (2017): El país donde florece el limonero. La historia de Italia y de sus cítricos. Traducció de María Belmonte. Editorial Acantilado. Pàgines 11-94.
Hace ya muchos años que llegué a Palermo por mar y, sin embargo, todavía recuerdo la belleza de su emplazamiento, atrapada en el sinuoso abrazo de las montañas y el mar. El relato de Goethe de su travesía por mar de Nápoles a Palermo en 1787 está dominado por el mareo, pero cuando el barco al fin logró atracar se quedó extasiado ante la visión de la ciudad con las montañas al fondo iluminada por el sol verpertino. En lugar de apresurarse a la pasarela para llegar a tierra firme, se demoró a bordo durante tanto tiempo que al final la tripulación tuvo que escoltarle hasta el muelle.
Això era i no era. Que faci bon viatge la cadernera!
Conten que un príncep, bell i galant, que no reposa ni un sol instant, tresca la terra com per encant.
-L'amor de les tres taronges, no sabríeu per on cau? -Set gegants diuen que el guarden ben tancat amb pany i clau. De nit, quan la fosca entrava, veu un llumeneret blau; com més va, més lluny el veia... -Hi arribaré, si a Déu plau.
Ai, ai! El gegant remuga: -Sent olor de carn humana. La geganta l'ha amagat, que el gegant té tanta gana que se'l voldria menjar dins la mateixa setmana. La nit és fosca, el gegant ronca com la tramuntana.
Pel sementer de formigues escampa tres sacs de blat. per aconhortar les feres ha comprat tot un ramat. La serp de set caps alçava set boques de fil puat i al punt la llet de set gerres els set caps ha doblegat.
Ja és de nit quan arribava a la porta, el jovencell. Tot d'una endevina l'arbre: n'és el taronger més bell. Tres taronges hi flamegen, totes tres fan un ramell. Al cap cimal d'aquell arbre ha fruitat l'amor per a ell.
Els gegants dormen tranquils, -dormen amb un ull obert-. Collí l'amor en Bernadet i, abans, que fos descobert, reprèn el camí del vent, peus falaguers, cor despert. Cada cabell li tremola. Ai, que la nit l'ha encobert!
Ai, ai! que tot set l'encalcen. La terra crida: endavant! Els llança cintes de seda, flocs de colors que, a l'instant, omplen aquells camps d'espines, de ganivets i d'espant, de foc, que al punt ja no resta ni l'ombra d'un sol gegant.
De la primera taronja una al·lota ben garrida n'ha sortit, tan bella i blanca, que potser el sol l'ha ferida. Ai, ai, que de la segona surt una jove esmortida! Ambdues han mort de set, tan prest han colat la vida.
No l'obrissis, la tercera, Bernadet, car ni amb diner no compraries la vida que ha brostat del taronger. Arran del brocal d'un pou, -n'és aquest el fruit darrer- en obrir l'altra taronja floreix l'amor venturer.
Gabriel Janer Manila - Luis Delgado
Una altra versió de la rondalla recollida pel valencià Enric Valor, en aquest cas amb la música i veu de Maria del Mar Bonet interpretada al Lotus World Music and Arts Festival realitzat al setembre de 2003:
Vora el barranc dels Algadins
hi ha uns tarongers de tan dolç flaire
que per a omplir d'aroma l'aire,
no té lo món millors jardins.
Allí hi ha un mas, i el mas té dins
volguts records de ma infantesa;
per ells jo tinc l'ànima presa
vora el barranc dels Algadins. Vora el barranc cels Algadins,
s'alcen al cel quatre palmeres;
lo vent, batent ales lleugeres,
mou son plomall i els seus troncs fins.
En ells, millars de teuladins
fan un soroll que el cor enxisa.
¡Qui ouir pogués sa xillerissa
vora el barranc dels Algadins! Vora el barranc dels Algadins
l'aigua corrent los camps anega;
en sos espills lo sol llampega,
i trau l'arròs verdosos brins.
Sona el tic-tac en los molins;
i al caure el sol, caçadors destres,
a joca van d'ànecs silvestres
vora el barranc dels Algadins. Vora el barranc dels Algadins
mourà demà les palmes l'aire,
li donaran los horts son flaire,
i sa cantúria els teuladins.
Lo mas demà guardarà dins
dolços records i imatges belles;
¡jo no podré gojar ja d'elles
vora el barranc dels Algadins!
« ( … ) Y acercando a su boca el perfumado fruto, clavaba en la dorada carne sus dientes blancos y brillantes. Cerraba los ojos con delicia,como embriagada por la tibia dulzura del jugo. Crujían los gajos entre sus dientes, y el líquido de color de ámbar rezumaba, cayendo a gotas por la comisura de sus labios carnosos y rojos.
Rafael estaba pálido y tembloroso,como si le agitase un propósito criminal. (… ) Le enloquecía aquella boca impregnada de miel, y de repente, disparándose en él la pasión contenida y sujeta por el miedo, se abalanzó sobre la artista, la agarró con las manos y busco ávido sus labios,como si pretendiera beber el zumo que se deslizaba hasta la redonda barbilla.»
Vicente Blasco Ibáñez (1900): Entre naranjos
El text ja posa en relació taronges, suc i erotisme, i és el que van fer Sofía Barrón i Judith Navarro, quan van organitzar una exposició a la Universitat de València, que van titular “Cítric Desig”, i on es podien veure tot d’obres d’art de totes les èpoques, en les quals les dones, la sensualitat i les taronges tenien un clar lligam significatiu. La literatura en què sortien taronges, el seu suc o els grills com a símbols explícits d’erotisme hi eren tanmateix molt presents.
Es va crear un multimèdia molt interessant amb totes aquestes peces:
La Natàlia mirava cap a la galeria, plena de la llum grisa d’aquell migdia boirós i humit i buscà el llimoner i les buguenvíl·lees. “I el llimoner?”, féu unes passes cap endavant i s’aturà davant de les vidrieres. I el llimoner?, repetí, què ha passat, tieta, això no ho veig igual! Ai, filla, i és clar que no ho veus igual! Em vaig vendre el jardí. Que et vas vendre el jardí?, va fer la Natàlia. Havia sortir a fora i es trobava a la mateixa alçada de la galeria coberta. Des de la tribuna abans baixava una escala de cargol de ferro esmaltat que anava directament al jardí i ara tot era de planta baixa. On hi havia el jardí, hi veia un enorme terrat amb rajoles de color rosa esbarrellat, un color uniforme amb clapes humides, trencat pel vidre de les claraboies. Al voltant del terrat no hi havia el clàssic seguit de punxes de ferro negre sinó unes parets arrebossades de guix adesiara escrostonat. La Natàlia caminava d’un cantó a l’altre del pati i travessava a frec la roba estesa sota l’esguard iracund de l’Encarna. M’ho van comprar els del magatzem del costat, volíem ampliar les oficines.¿No sents les màquines d’escriure?, diu la Patrícia. El terra del jardí era tapat amb tot de pedretes menudetes que feien soroll en trepitjar-les. La Natàlia, de petita, guardava pedretes a les butxaques i després s’entretenia a tirar-les al cap dels vianants que passaven per sota del balcó de casa seva. Els dos llimoners eren allí, a tocar dels patis de l’altra banda, per on un nen li feia llengots , i els baladres donaven a la banda esquerra, renteu-vos les mans, si heu tocat baladres que les flors són verinoses, els deia la mare; un dia que la Natàlia es va voler morir, se n’empassà una de sencera, una flor rosada i empallegosa. I no es va morir i va pensar que els grans diuen moltes mentides.
Roig, Montserrat (1993). El temps de les cireres: Barcelona : Edicions 62, 22-26
En Gonçal. de tant en tant, li llegia un poema i ella el trobava bell, encara que molts no els entenia perquè eren complicats. Són poemes simbolistes, li deia en Gonçal, i ella, tota flonja, deia que si. En Gonçal no cridava mai, com cridava l’Esteve, i deia “dispensi”, “em permet”, en Gonçal era un home diferente, delicat, com un núvol. La Patrícia pensav, no és un home com el meu pare, no es un home com l’Esteve. Sempre demanava si podia esperar l’Esteve al rebedor però la Patrícia el feia passar a la tribuna i, mentre ella feia ganxet, ell enraonava. Baixaven al jardí i se sentia el crec-crec de les pedretes en ésser trepitjades. En Gonçal acariciava l’heura color d’aran, agafava una llimona i l’olorava. Després se la passava per la cara. “Aroma de tardor”, deia, “aquesta és l’aroma de Barcelona.”Roig, Montserrat (1993). El temps de les cireres: Barcelona : Edicions 62, 78.
Informació sobre Montserrat Roig
Associació d’escriptors en llengua catalana: Montserrat Roig