dijous, 21 de juliol de 2011

La sabiduría de estar sentado

TeresalaLoba (2010). Marrakech de Rafael Alonso por TeresalaLoba
Existen algunos cafés árabes muy famosos, los profundos de la Cornisa de Alejandría, algunos del callejón de los Milagros de El Cairo, el café de Paris de Tánger, los del bulevar Michelet de Argel, cuando la colonia francesa, por el que Albert Camus veía pasar a las chicas con sandalias y telas ligeras con flores mientras escribía El Extranjero o el Cintra de Orán donde escribió La Peste. En la plaza Djemma El-Fná de Marraquech hay dos cafés significativos, el France y el Glacier.
En el mundo árabe basta con estar sentado en un café para expresar la verdadera categoría del hombre. Pese a que también podrían pasarse toda una tarde en cuclillas con un equilibrio perfecto sin que se les astillen los cartílagos de las rodillas, cuando uno ve repantigados en la terraza de un café a viejos árabes fumando, dejando pasar las horas sobre su cabeza, intuye que esa actitud pasiva es una auténtica creación con mil años de cultura. Esta vez algunos marroquíes, que ocupaban las mesas del Glacier, leían el periódico con gafas de sol y otros tenían simplemente los ojos cerrados. A media mañana parecían dormitar el tiempo bajo el sonido de los tambores y dulzainas que emanaba del fondo de la plaza.

Vicent, Manuel.  El país. 22 d'agost de 2010, p. 56.

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