divendres, 29 de juliol de 2011

Mil quinientas noventa y tres noches en casa de los Keskin


ISIK5 (2008): Happy New Year HDR
Me sentaba de inmediato a la mesa con el ceño fruncido. Los paquetes de regalos que había llevado me ayudaban a superar aquellos agobiantes momentos iniciales en la casa. Los primeros años eran cosas que le gustaban a Füsun, como baklava de pistachos, hojaldres hervidos del famoso Latif de Nisantasi, pescado en salmuera o huevas. Le entregaba el paquete a la tía Nesibe sin darle importancia pero contando algo al respecto. "¡Ay! ¿Por qué se ha molestado?", contestaba siempre. Entonces le daba a Füsun su regalo como si nada o lo dejaba a un lado donde pudiera verlo cuando nuestras miradas se cruzaran, y al mismo tiempo le respondía a la tía Nesibe "Pasaba por delante de la tienda y olía tan bien que no pude resistirme", y añadía un par de frases sobre aquella tienda de Nisantasi. Mientras tanto me sentaba en mi sitio intentando ser tan invisible como el estudiante que llega tarde a clase, y de repente me sentía muy a gusto. Después de un rato de estar sentado, cruzaba por un instante mi mirada con la de Füsun. Eran unos momentos extraordinariamente felices.
Televisor 1942
(...) Mi lugar en la mesa era entre Füsun y Tarik Bey, en el lado largo de la mesa que daba al televisor, frente a la tía Nesibe. Si Feridun estaba en casa, se sentaba a mi lado, si no, lo hacía alguno de los escasos invitados. Al principio de la cena, la tía Nesibe se sentaba de espaldas al televisor para estar cerca de la cocina; una vez mediada, cuando tenía menos que hacer en la cocina, se levantaba y se sentaba a mi izquierda, entre Füsun y yo, y así podía ver cómodamente la televisión. Durante ocho años me senté allí, codo con codo con la tía Nesibe. Cuando pasaba a mi lado, el otro lado largo de la mesa quedaba vacío. A veces Feridun se sentaba en aquel espacio vacío cuando llegaba por la noche a casa. Entonces Füsun pasaba al lado de su marido y la tía Nesibe al sitio de Füsun. En ese caso se hacía difícil ver la televisión, pero para aquellas horas generalmente ya se había terminado la emisión y estaba apagada.
Si durante un programa importante todavía había algo en el fogón, si era necesario entrar y salir de la cocina, a veces la tía Nesibe se lo dejaba a Füsun. Mientras entraba y salía de la cocina que tenía justo al lado, pasaba continuamente entre el televisor y yo llevando platos y cacerolas. (...)
La mayor parte del tiempo de las mil quinientas noventa y tres noches que fui a casa de los Keskin la pasé sentado en el lado largo de la mesa viendo la televisión. (...) Lo que nos recordaba la hora era, por supuesto, el cierre de la emisión. En los cuatro minutos de ceremonia de cierre de la emisión de la TRT, en todos los cafés y casinos de Turquía se escuchaba el himno nacional como fondo a los soldados que desfilaban saludando la bandera izada en su asta.

Orhan Pamuk (2009): El Museo de la Inocencia, Literatura Mondadori, 360-362.
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