dijous, 16 d’agost del 2012

El Bazar de Izmir

13KameraltI_spezie_ok
Cinzia Barbano (2005)
El Gran Bazar, en la ciudad de Izmir, se convertía desde primeras horas de la mañana en el centro social de la ciudad. Ignoro por qué, en las grandes urbes musulmanas, hay tal magnitud de personas en los mercados de los días laborables. Puede que sea un efecto del desempleo o quizá es que la superpoblación cría tanta gente como para llenarlo todo a cualquier hora, sea una oficina, una carnicería o un autobús. El bazar de Izmir no es particularmente bonito, no tiene la belleza de las galerías del zoco de Estambul. Pero, mientras este último se ha convertido casi en un mercado de venta de souvenirs turísticos, en una especie de mall americano en versión turca, el de Izmir huele a humanidad de siglos, a sudor de edades, a carne de tiempo. Hay montañas de joyas de oro, de alfombras y de chaquetones de cuero para ofrecer por toneladas a los turistas ávidos de comprar, aunque no son muchos los que se llegan hasta Izmir. Pero, a pocos metros del  comercio donde se venden orfebrería o tapices, impregna el aire el olor e las especias, asoman en las vitrinas el hígado de los corderos y la casquería de vaca, hay cabezas cortadas de cabrito y riñones de buey, y en las pescaderías se amontonan los peces y mariscos frescos, llegados en la madrugada del cercano Egeo, despertando el apetito e cualquier buen amante del pescado.
La anciana y decrépita Izmir tiene su corazón en el bazar: allí se ocultan, en la selva e calles estrechas, las principales mezquitas; suena música turca tradicional en los radiocasetes de los comercios; se pesa con balanzas romanas y huele a cuero y a hierbabuena, a canela y a fruta podrida; los motocarros se abren paso entre los compradores, los tullidos y los mendigos; la bandera nacional adorna los balconcillos en las festividades patrióticas, y en las tiendas de ropa masculina se exhiben colgados de las puertas trajes e color crema que disuelven el gusto de cualquiera, azules de patada en los ojos y marrones de puñalada en el cerebro. Izmie, en su bazar, no parece mediterránea, sino una ciudad de Arabia o de la costa africana del Índico. Tiene ese aire viejo de mercado islámico, donde sientes que, antes que un lugar para comprar y vender, te encuentras en un ámbito que es como un lugar común. Se nace, se vive, se comercia, se come, se bebe, se ríe, se llora, se ama y, quizá, incluso se muere en el bazar. En el laberinto de callejuelas que tejen la fisonomía de esta especie de ciudadela independiente aparecen de súbito plazuelas con una pequeña fuente donde uno puede descansar un rato, al arrimo de un árbol frondoso, y tomar un té de menta mientras fuma en narguilé.

Durante los atardeceres, las calles del centro de Izmir eran una batahola de gentes, que iban y venían de un lado a otro como un oleaje. En los cafetines, llenos a rebosar de clientela masculina, los viejos fumaban pipas de agua mientras jugaban su partida de backgammon, rodeados de mirones que opinaban sobre cada jugada. Giraban los kebabs de cordero al arrimo del fuego y el olor de las especias y grasa de borrego henchía el aire. Los loteros se acercaban casi en manada a ofrecerte tiras de cupones, y en las esquinas, los limpiabotas pregonaban sus servicios, sentados junto a sus cajas que, rematadas de adornos de cobre, parecen miniaturas de un castillo moro. Algunos mercachifles vendían mejillones rellenos de arroz hervido y otros, golosinas y cigarrillos por unidades. Los mendigos se acercaban a cada paso en demanda de limosna. El recio golpe el viento marino alborotaba la cabellera de los árboles y el aroma de los sargazos se mezclaba con los olores de la gasolina quemada y del cordero braseado.

REVERTE, Javier (2006): Corazón de Ulises. Libro de Bolsillo; 523: Barcelona. Páginas 169-171. 

dimarts, 14 d’agost del 2012

Corazón de Ulises

Piana di Messará, da Festòs (1)
Spettatore di provincia (2009): Plana di Messará, da Festos
Para viajar de Cnosos a Festos, en el sur, hay que atravesar la panza de Creta. allí, en el interior de las recias cordilleras y los valles fecundos, se percibe la vocación continental de esta isla, que es como un gran navío encallado en medio del mar, que mira a África y Asia con nostalgia mientras se piensa europea con orgullo.
Corría hacia el sur por viejas carreteras sinuosas, en un constante sube y baja, entre los murallones que formaban las duras montañas blanquecinas y a través de pueblos polvorientos. No muy lejos de mi destino, al coronar un cerro y comenzar un nuevo descenso, se abrió ante mi vista un enorme valle que era como un océano de olivos. Aquí y allá, entre las ondas verdes y plateadas del infinito olivar, surgía de improviso la enhiesta galanura de un ciprés, alzado sobre el bosque chaparro, como un oscuro mástil apuntando al cielo blanquecino. Detuve el automóvil, apagué el motor y salí a contemplar aquel bello pedazo del corazón cretense.
Pegaba el sol y el viento era caliente. Las cigarras rasgaban el silencio con su clamor de serruchos incansables. Mas allá el valle, el corpachón de una cordillera caliza parecía un mastodóntico animal que echara la siesta. ¿Había regresado el toro blanco de Poseidón? No se veía el mar y el aire seco traía el olor de un puñado de pinos crecidos a los pies de una colina cercana. Un águila planeaba en la altura y sus gritos ocasionales hendían el aire. Quizá era el águila de Zeus.
Era un paisaje esencial y preciso. Nada parecía sobrar ni tampoco faltar. Refiriéndose a Grecia, mientras estaba en Creta, escribía Henry Miller: "Todo está delineado, esculpido, grabado. Incluso las tierras baldías tienen un aire de eternidad". Yo pensaba ahora en la buena prosa, sobria y exacta, de que hablaba Kazantzakis al comparar su escritura con los campos cretenses.
Por la cuesta, asomaba un hombre montado en un burro. Era ya un anciano, de cuerpo largo y flaco. Al verme, guio hacia mí su asno, lo arrimó al coche y desmontó. El rostro del viejo parecía el mapa en relieve e una áspera geografía.
Por señas, me pidió un cigarrillo. Yo se lo di, él lo cogió y, a renglón seguido, tomó con su manaza un puñado de higos de un saco que amarraba en las albardas y me lo ofreció. Negué sonriendo. Él, entonces, me devolvió el cigarrillo. Así que acepté las frutas y le di fuego.
Le acompañé fumando. "Beautiful, beautiful", repetí señalando el paisaje. El anciano asintió con gesto indiferente. Luego, añadí, apuntando mi brazo hacia la lejanía: "Festos, Festos". Y él perdió la mirada en el horizonte, echó una bocanaa de humo al aire y dijo: "Good".
Consumimos nuestros cigarrillos. Me toqué el pecho y dije: "Spain, España". El hombre sonrió por vez primera. Y respondió: "Espagna..., ¡olé!". Le ofrecí un nuevo pitillo de mi paquete, lo tomó, volvió al saco y me regaló otro puñado de frutos. Y cada cual siguió viaje para su lado, él cuesta arriba, fumando a lomos del pollino, y yo carretera abajo, derecho a zambullirme en un mar de olivos y el interior del coche oliendo a higueras de verano.

REVERTE, Javier (2006): Corazón de Ulises. Libro de Bolsillo; 523: Barcelona. Páginas75-77. 

dimecres, 8 d’agost del 2012

Xocolata desfeta

...
Riego, Rodrigo (2009)

COMERCIAL

Com cada primer dijous de mes, m'havia calçat les meves Reebok per anar a prendre un Cacaolat a la pastisseria Candela del carrer Petritxol, aprofitant un quinze per cent de descompte gràcies als cuponsde Sàpies. Però no vaig poder anar més lluny de la botiga Versace de mocadors i paraigües del número Twenty/Two, ja que una noia em va aturar, amb l'aire malhumorat de les models de Chanel, i de fet era gairebé tan bonica com la Judit Mascaró quan ven el perfum nº 5. Portava els cabells negres i llargs, acabats de pentinar a can Llongueras, una arracada Ferrara al nariu esquerre i un vestit de la penúltima temporada de Zara. Em va cridar: "Jo també tinc accions del golf Golden Green de Cassà de la Selva", i, abans que hagi pogut respondre, va treure un ganivet Pallarès de la seva bossa Mark & Spencer i me'l va clavar a la panxa, fent malbé la camisa NewMan que havia comprat a les rebaixes d'Hipercor.
Em vaig despertar dos dies més tard, al Pepsi Cola Mercy Hospital. Prop meu, un policia amb un uniforme patrocinat per Gladiator's semblava vigilar-me rere les seves ulleres Lacoste d'imitació. Després dproposar-me una Fanta, va felicitar-me: "Esteu de sort, les ferides abdominals es poden pagar amb sis mensualitats sense interessos amb la targeta MasterCard!, i tot seguit va preguntar-me: "El somriure d'aquella noia era ingenu com el de Naomi Campbell en un anunci dels laboratoris Schwarzkopf o entremaliat com el de George Clooney per a Nespresso?"  

LLUÍS, Joan-Lluís (2012): Xocolata desfeta. Exercicis d'espill. Editorial La Magrana, Les ales esteses; 281: Barcelona. Pàgines 208-209.


Presentació Xocolata desfeta. Entrevista a l'autor
Presentació Xocolata desfeta. Lectura de fragments

dissabte, 4 d’agost del 2012

Ibiza según Alberti

La Mallorca de Joaquim Mir
«Javier inició el paso. De su tiendecilla de pino cogió un racimo de uvas de la cena y, comiéndoselo, siguió andando entre los troncos. El bosque se había llenado de gente: refugiados de los montes y campos vecinos, hombres viejos con morrales al hombro, caras sin afeitar, gestos de inquietud, de alegría, de cansancio poblaron, al clarear, aquellos árboles y laderas antes tan solitarios y mudos. Aparecieron también algunas mujeres con sus niños. La isla revivía, resucitaba. Sus pescadores, campesinos y salineros brotaban nuevamente no se sabía de dónde: si de las entrañas de la tierra o lo hondo del mar.

«Una historia de Ibiza», en Relatos (1937-1938), incluido en El poeta en la calle (Obra civil)

TEXTO COMPLETO

Le cérémonie

Pau Riba i Toti Soler: Mel. Formentera (1972)

Video realitzat per Manel Joseph, amb fotografies fetes a Formentera, a casa del músic , l'any 1971/2

Pau Riba i Toti Soler: Mel, de Jo, la donya i el gripau

(Disc gravat a l'aire lliure a Formentera, 1971)

Si passeu mai per davant de casa
no deixeu mai d'entrar una estona:
Ens ajaurem al sol sota les branques
de la més gran de les figueres.
Ens asseurem al sol sota les parres
a sota un pi o d'una olivera
i deixarem que les abelles
se'ns enduguin els pensaments
al rusc
per fer-hi mel.
Mel i rusc. Autor: Jordi Puig

Veles e vents (Ausiàs March/Raimon)

Joaquín Sorolla: Barcas en la playa (1909)

Veles e vents han mos desigs complir (1969)
(Ausiàs March - Raimon)

Veles e vents han mos desigs complir,
faent camins dubtosos per la mar.
Mestre i ponent contra d'ells veig armar;
xaloc, llevant, los deuen subvenir
ab llurs amics lo grec e lo migjorn,
fent humils precs al vent tramuntanal
que en son bufar los sia parcial
e que tots cinc complesquen mon retorn.

Bullirà el mar com la cassola en forn,
mudant color e l'estat natural,
e mostrarà voler tota res mal
que sobre si atur un punt al jorn.
Grans e pocs peixs a recors correran
e cercaran amagatalls secrets:
fugint al mar, on són nodrits e fets,
per gran remei en terra eixiran.

Amor de vós jo en sent més que no en sé,
de què la part pitjor me'n romandrà;
e de vós sap lo qui sens vós està.
A joc de daus vos acompararé.

Io tem la mort per no ser-vos absent,
perquè amor per mort és anul·lat:
mas jo no creu que mon voler sobrat
pusca esser per tal departiment.
Jo só gelós de vostre escàs voler,
que, jo morint, no meta mi en oblit.
Sol est pensar me tol del món delit,
car nós vivint, no creu se pusca fer:
aprés ma mort, d'amar perdau poder,
e sia tost en ira convertit.
E, jo forçat d'aquest món ser eixit,
tot lo meu mal serà vós no veer.

Amor, de vós jo en sent més que no en sé,
de què la part pitjor me'n romandrà,
e de vós sap lo qui sens vós està:
A joc de daus vos acompararé.

dijous, 2 d’agost del 2012

Herbes aromàtiques

Natalia Gustafson (2010). The new borns (2/365)

Agafo una mica de farigolaromer sàlvia i ho vaig posant en una cistella, tot desitjant poder emportar-m’ho a San Francisco, on tinc una jardinera d’herbes aromàtiques. Aquí el sol fa que doblin la mida cada poques setmanes. L’orenga que creix prop del pou de seguida forma un cercle de quasi un metre i mig. Fins i tot la menta silvestre i la tarongina que vaig arrencar del turó i vaig transplantar aquí s’han reproduït. Menta. Virgili diu que els cérvols ferits pels caçadors busquen la menta per a les ferides. A la Toscana, on els caçadors fa temps que van foragitant-ne la vida salvatge, la menta abunda més que no pas els cérvols. Maria Rita, a la seva tenda de frutta e verdura, m’aconsella que faci servir tarongina per a les amanides i les verdures, també a l’aigua del bany. Crec que m’agradaria tallar herbes fins i tot si no les emprés per cuinar. La força de l’herba acabada de collir beneficia tant el gust del menjar com el plaer de preparar-lo. Després de collir la farigola, no em rento les mans fins que la fragància no s’esvaeix. He plantat una bardissa de sàlvia, més de la que mai podré utilizar, i en deixo la majoria de les flors per a les papallones. Les flors de la sàlvia, junt amb les de l’espígol, fan molt bonic en rams de flors silvestres. La resta, l’asseco o la faig servir recent tallada, normalment per als fesols amb sàlvia esmicolada i oli d’oliva, un dels plats favorits dels toscans, els quals hom coneix com a “menjadors de fesols”.
Cada cop que fem alguna cosa a la graella, Ed sacseja llargs manats de romer sobre les brases i la carn. Les seves fulles cruixents no només afegeixen sabor sinó que també es poden rosegar. Quan fem gambetes, Ed les enfila en branquetes de romer.
Tinc pots d’alfàbrega al costat de la porta de la cuina, perquè se suposa que espanta les mosques. Al llarg de les setmanes que va durar la construcción del mur i la perforació del pou, vaig veure que un treballador en premia unes fulles entre les mans i se les fregava damunt del fibló que tenia clavat. Deia que treia el dolor. Una mata més gran creix uns metres enllà. Com més en tallo, més sembla que en creixi. En faig servir fulles senceres per a sucs estiuencs i plats de tomaca. De totes les herbes, l’alfàbrega és la que milor expressa l’essència de l’estiu toscà.

Mayes, Frances (2002): Bajo el sol de Toscana. Barcelona: Seix Barral, 137-138. Traducció al català de Fina Masdéu.

Herbes aromàtiques



Les Trois Pigeons

Pays Bergerac (2009): Châtaignes du Périgord
De les múltiples regions de la Belle France, se’n destaca una el nom de la qual provoca una viva lluïssor als ulls del gurmet, un enrojolament d’expectació a les seves galtes; un nom que amara per endavant les seves papil·les de saliva, i és el nom tan eufònic de Perigord. Aquí, els castanyers i els noguers tenen una mida prodigiosa; aquí, les maduixes silvestres són tan intensament perfumades com el boudoir d’una cortesana. Aquí, les pomes, les peres i les prunes contenen sucs sublims dins la pell; aquí, la carn dels pollastres, dels ànecs i dels colomins és ferma i blanca; aquí, la mantega és tan groga com la llum del sol i la crema que corona la manteguera és prou espessa com per fer-hi aguantar en equilibri un got de vi al capdamunt. A més de totes aquestes delícies, el Perigord brinda un premi suprem que s’amaga sota el terra margós dels boscos de roures: la tòfona, el fong troglodític que viu sota la superfície de la terra de la forest, negra com un gat de bruixa, deliciosa com tots els perfums d’Aràbia.
En aquesta esplèndida part del món, hi vaig descobrir una vila encantadora i vaig parar al diminut hostal de la localitat, que es deia “Les Trois Pigeons”. L’hostaler, en Jean Pettione, era un individu jovial amb una cara que el vi havia tornat tan rubicunda com una poma camosa. En aquella etapa de la tarda, els boscos estaven en el seu millor moment, i formaven un preciós tapís de colors que anaven del daurat al bronze. Amb el desig d’adelitar-me amb la seva contemplació, vaig demanar a monsieur Pettione que em preparés un bon berenar i em vaig endinsar amb el cotxe per un camí rural. Després vaig deixar el vehicle aparcat i em vaig ficar al bosc per gaudir d’aquella magnificència de colors, com també de les estranyes i màgiques formes dels bolets verinosos que creixien arreu. Al cap d’una estona, em vaig asseure en el tronc robust d’un roure anyenc per assaborir el berenar i, quan acabava de cruspir-me’l, vaig sentir una remor entre les seques falgueres rogenques, i per entremig va aparèixer un porc enorme. L’animal es va quedar tan sorprès de veure’m a mi com jo de veure’l a ell. Ens van contemplar l’un a l’altre amb interès. (...)

Durrell, Gerald (2009): Un lloro per al vicari i altres històries. Barcelona : Editorial El Cercle de Viena, 13-37.
Si voleu llegir el conte complet. CLIQUEU-HI.

Josep Mª Serarols (2010). La Fraise du Périgord au marché de Sarlat-la-Canéda

Productes del Périgord

Página oficial del turismo francés: Dordogne-Périgord
Les nous: Noix du Périgord
Les maduixes: Site Fraise du Périgord

La figa

M. Clément Serguier, al seu llibre Pour un panier de figues, ens dóna una valuosa informació sobre les relacions de la figuera amb la història antiga i amb les llegendes. A la Bíblia Adam i Eva n’utilitzen les fulles per tapar-se el sexe. El patriarca Noè s’endugué a l’arca pastissos de figues seques i el rei David rebé una cistella de figues fresques d’una noia en senyal de pleitesia. A Betània existia una figuera condemnada per Crist a no tornar a donar fruit.
I si és rica la informació de la literatura jueva, tampoc no falta a Egipte l’al·lusió al sicòmor, que acull les ànimes dels difunts i sota el qual els egipcis dipositaven les seves ofrenes. I l’arbre que aixoplugà Ròmul i Rem també era una figuera. De la mateixa manera, a Grècia la paraula sicofants, que significa “delators”, en el seu origen designava els guardians de les figueres a l’Àtica, encarregats de denunciar els exportadors d’aquesta fruita tan preuada. L’àspid que mossegà mortalment a Cleopatra en sortir del bany s’havia amagat en un cistell de figues. El successor de Cató va treure de la seva toga davant el senat de Roma algunes figues fresques, suposadament collides a l’Àfrica tres dies abans, per convèncer els seus pares que calia destruir Cartago.
Serguier ens parla de la curiosa pol·linització de la figuera i dels usos socials de la figa a França, sobretot a la Provença, on era particularment protegida.
Quant a les al·lusions al Corà, només s’hi esmenta un cop, en una sura de La Meca que en porta el nom: el Senyor jura per la figuera i per l’olivera, el mont Sinaí i “aquella ciutat segura” (La Meca). Hi ha qui interpreta que es refereix a Damasc, i l’olivera a Jerusalem.
Damasc s’identifica clarament amb la figa. Per això, al centre de la basílica bizantina, on s’aixecarà la gran mesquita dels Omeia, s’erigia una formosa i forta figuera. De fet, els Omeies, iniciadors de la gastronomia arabo-musulmana, expandeixen el seu imperi en bona part pel territori de la figuera.
Alepo i la seva regió no tenen res a envejar a la de Damasc.
La medicina àrab féu molt de cas de la figa, però també del làtex, la preuada llet de la figuera que s’utilitza per guarir les durícies i per estovar les carns.
Els agrònoms i gastrònoms parlen de la misteriosa afinitat que uneix la figa i la nou, com ho demostra una de les confitures més subtils.

Mardam-Bey, Farouk (2002): La cocina de Ziryâb. El Gran Sibarita de Córdoba. Barcelona: Zendrera Zariiquiey, 71-74.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

ENGRANDEIX EL TEXT